Eso si que me sorprendió, y siempre creo que nada más puede sorprenderme. Quien me increpaba era la mujer en silla de ruedas, que ahora andaba con muletas. No recordaba su nombre.
-¿Cómo dice?- le pregunté.
- Y todavía se hace el desentendido. ¡Las plantas, los árboles que usted tenía allí!- La mujer señaló al Debradis.- ¡Le habíamos dado permiso para que las tenga, pero que las cuide! ¡Mataron a los chicos y los guardianes desaparecieron por unos días! Y usted haciéndose el preocupado. Los otros lo habrán perdonado, pero yo no. Este lugar quedó desamparado.
-¿En que momento pasó eso? ¿Por qué parece que todo gira siempre en torno a mí?- le pregunté, algo irritado.
-¡Porque usted es el que crea los problemas!- me increpó la mujer.- Antes de que usted viniera la vida era tranquila, sin cambios ni nada. El día que esa carreta voladora chocó contra el río, fue cuando empezó todo. Usted ha sido una molestia.
Carreta voladora chocada en un río que nunca había visto. No había cauce ni nada. En serio, me está molestando vivir acá.
- Le seré franco, no recuerdo nada de lo que está diciendo. A mí también me afectan estas cosas, no crea que no. ¿Como que mis plantas mataron chicos?
-¡Vamos, no se haga el desentendido!!! Más vale que siga con el tramite de la escritura que me comentaba la otra vez mientras juntábamos las partes- amenazó la vieja mientras se alejaba a paso firme apoyada en sus muletas de metal.- Agradezca que los guardianes volvieron y esos chicos revivieron.
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