La bofetada del bufón me sorprendió pero no me dejé avasallar, por lo que respondí con un puñetazo en su cara sin rasgos. Él se cayó de espaldas, pero al momento levantó las piernas y se puso de pie nuevamente con un salto rápido.
-¿Pero que cree usted que está haciendo, señor Sidarel? - resopló.- ¿No le habíamos dado un presupuesto inmejorable?- Se puso las manos en la cintura.
-¿Qué presupuesto? ¿De que está hablando usted?
-¡El presupuesto del Minhemeasaf, el Ministerio de Magia!!!- reclamó el bufón.- ¡A otro le hubieramos cobrado la mitad por cada una de las cosas por las que usted nos consultó!
- Bueno, yo hice lo que cualquiera en estas situaciones. Vi que cosas yo podía hacer para que me salga más barato por el resto.
El bufón empezó a caminar mirando de un lado a otro mirándome. Noté que algunos vecinos nos miraban haciéndose los distraídos. No los culpo, porque mi visitante era bastante llamativo. No se le veía nada del cuerpo, porque estaba enfundado en una camisa de rombos blancos y negros, un pantalón negro algo holgado pero firme, y unas botas negras. Tenía un gorro de seis puntas blancas y negras, rematadas en pelotitas amarillas. El rostro... no estoy seguro de si era su cara o una ajustada máscara blanca y grisacea con cuello y todo. Todo ese conjunto me estaba interpelando por no usar su presupuesto, justo lo que uno teme que haga un negocio si ve que uno no ha elegido el suyo.
- Pero, señor, ¿por qué se pone tan nervioso?-le dije.- Soy solo un cliente. ¿Siempre hacen así cuando alguien quiere hacer algo distinto?
-...
- Ni que les debiera algo, o como si fuera el único que les compra.
-...
-¿Soy el único cliente que tienen? Claro, el que les ha quedado, si a todos los tratan así, todos se les irán- me reí. El bufón se detuvo y me miró furibundo. Me ladró:
-¡No es eso! Le queremos hacer un favor, para que todo sea lo más rápido posible. Y pensábamos que usted quería que fuera algo rápido, viendo como nos contactó por cuenta propia.
- De hecho, fui porque me habían dicho que era obligatorio y urgente que lo haga- recordé.- Una persona me insistió diciendo que podían sacarme la casa porque no tenía la escritura...- Me quedé confundido.
- Y bueno, era algo así- aseveró el bufón. Hubiera jurado que se puso nervioso.- Ya hizo lo del abono, ya hizo lo de limpiar el sótano, está haciendo lo de la chimenea, supongamos que pueda arreglar la carreta esa que usted no sabe si lo trajo o no... ¿cómo va a hacer la escritura de la casa?
- Momento, ya vuelvo- le pedí, me metí en la casa, busqué algo, y regresé con eso en la mano.- Acá está el presupuesto que ustedes me mandaron. No dice nada sobre la escritura, sino ceremonias para que las cucarachas se vayan. ¿Pero como saben ustedes lo que estoy haciendo??? ¿Me están espiando?
El bufón se quedó muy quieto. Quizás había dicho cosas que no debía. Pero rápidamente se recompuso y dijo:
- Los guardianes nos dicen lo que pasa en este lugar. Es nuestra prioridad saber todo lo que pasa. Se la pasan vigilando. ¡Y usted debe tener cuidado de ahora en más! ¡Los espíritus de los antiguos dueños se lo reclamarán!-. Acto seguido, desapareció.
sábado, 9 de noviembre de 2019
viernes, 1 de noviembre de 2019
Mundo Quebrado- X
Buen día, aunque no sé a quien estoy saludando. Quizás sea a mi yo del futuro. A lo que iba; hoy me fijé en este diario, y hacía ya mes y algo que no escribía. Me parece rato, porque alguna anotación he hecho cada día, creo recordar, ¿o las habré hecho dentro de algún pliegue de tiempo y se borraron? La vez anterior había pasado lo contrario, no recordaba haber escrito algo, pero lo había hecho, todo por obra de la dichosa perturbación temporal. Entonces, voy a tener que hacer alguna reseña ahora, para que no se me olvide.
En resumidas cuentas, estuve ocupado. Terminé de limpiar el sótano, y ahora está libre de tierra. No encontré las tumbas de los antiguos dueños, pero sí un baúl que aun no he abierto. ¿El Ministerio de Magia se habría equivocado? Qué sé yo. Seguí llevándoles abono a las plantas del Debraris, por más miedo que me daba. ¿Por qué tenía la impresión de que cada vez que iba no estaban precisamente donde las he plantado? No se debe a que a veces no están y otras veces sí, o que el Debraris cambie, siendo a veces puro bosque y otras veces un conjunto de ruinas futuristas. Cuando aparecen mis plantas, lo hacen en el mismo lugar. Me daba la sensación de que se habían salido de ahí y se habían vuelto a poner para disimular. Consulté los registros mágicos cuando estaba el vecino que los tiene, y vi que desde hace siglos no hay ataques vegetales. Espero no provocarlos yo, la verdad que me da miedo esa idea.
Bueno, lo último, es que me dí a la tarea de limpiar la chimenea, para ver si puedo ahorrarme algunas monedas, porque se me ocurre que los del Ministerio son un tanto... onerosos, por decirlo así. Realmente fue más desagradable que limpiar el sótano y llevar el abono. Que asquerosos han sido los antiguos dueños, realmente, le deben haber metido cualquier porquería grasosa que encontraban. Los caños de la chimenea estaban completamente forrados con grasa rancia carbonizada, olían a grasa, y en los tramos que iba limpiando, el metal quedaba con el color de la grasa. Por suerte, los caños no son enterizos, sino desmontables en cuatro partes, lo cual me hizo bastante fácil esa tarea insalubre. Que asco, verdaderamente, tuve que ventilar varias horas seguidas para que se fuera ese aroma pestilente. No me extraña que a los dueños les hayan dado muerte, toda la aldea debía llenarse de esos efluvios.
Y lo último. Ya había terminado de limpiar la chimenea, me había bañado lo mejor posible, y estaba sentado en la puerta del patio de casa, descansando, viendo las constantes nubes. Vi que se acercaba el cartero, envuelto en niebla como siempre, y que me alcanzaba un paquete rojo. Me di vuelta para abrirlo en casa, pero el paquete no me dio tiempo. Se tiró el mismo al suelo, se rompió, y dejó salir a un bufón blanco y negro, sin cara, que me dio flor de bofetada.
En resumidas cuentas, estuve ocupado. Terminé de limpiar el sótano, y ahora está libre de tierra. No encontré las tumbas de los antiguos dueños, pero sí un baúl que aun no he abierto. ¿El Ministerio de Magia se habría equivocado? Qué sé yo. Seguí llevándoles abono a las plantas del Debraris, por más miedo que me daba. ¿Por qué tenía la impresión de que cada vez que iba no estaban precisamente donde las he plantado? No se debe a que a veces no están y otras veces sí, o que el Debraris cambie, siendo a veces puro bosque y otras veces un conjunto de ruinas futuristas. Cuando aparecen mis plantas, lo hacen en el mismo lugar. Me daba la sensación de que se habían salido de ahí y se habían vuelto a poner para disimular. Consulté los registros mágicos cuando estaba el vecino que los tiene, y vi que desde hace siglos no hay ataques vegetales. Espero no provocarlos yo, la verdad que me da miedo esa idea.
Bueno, lo último, es que me dí a la tarea de limpiar la chimenea, para ver si puedo ahorrarme algunas monedas, porque se me ocurre que los del Ministerio son un tanto... onerosos, por decirlo así. Realmente fue más desagradable que limpiar el sótano y llevar el abono. Que asquerosos han sido los antiguos dueños, realmente, le deben haber metido cualquier porquería grasosa que encontraban. Los caños de la chimenea estaban completamente forrados con grasa rancia carbonizada, olían a grasa, y en los tramos que iba limpiando, el metal quedaba con el color de la grasa. Por suerte, los caños no son enterizos, sino desmontables en cuatro partes, lo cual me hizo bastante fácil esa tarea insalubre. Que asco, verdaderamente, tuve que ventilar varias horas seguidas para que se fuera ese aroma pestilente. No me extraña que a los dueños les hayan dado muerte, toda la aldea debía llenarse de esos efluvios.
Y lo último. Ya había terminado de limpiar la chimenea, me había bañado lo mejor posible, y estaba sentado en la puerta del patio de casa, descansando, viendo las constantes nubes. Vi que se acercaba el cartero, envuelto en niebla como siempre, y que me alcanzaba un paquete rojo. Me di vuelta para abrirlo en casa, pero el paquete no me dio tiempo. Se tiró el mismo al suelo, se rompió, y dejó salir a un bufón blanco y negro, sin cara, que me dio flor de bofetada.
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