sábado, 19 de octubre de 2019

Mundo Quebrado- IX

El otro día me desperté muy bien, absolutamente despejado y descansado, ya habiendo despejado el sótano de tierra. Con lo de juntar abono me fue bastante bien, porque encontré bastante humus en lugares localizados, lo reuní con la pala y llené algunas bolsas. Mis precauciones para no tropezarme con las tumbas de los antiguos dueños fueron en vano, porque no estaban, sencillamente. ¿Acaso el MinHeMeAsAf me habría dado un dato erróneo? Ellos sabrían, que tanto. De las cucarachas parlantes que había visto, ni rastro. No sé que pasó más allá de que me desmayé al darme un buen golpe en la cabeza con algo, porque huí al ver que tenían caras de niños.
Cargué las bolsas en la carretilla y llevé el abono para las plantas del Debraris. El día estaba nublado, como de costumbre, y la aldea no estaba demasiado cambiada. Muchas casas seguían siendo las mismas, antiguas, de tejas rojas o chapas plateadas, y las pocas personas con las que me crucé, bueno, esas no estoy muy seguro. Me encontré con la vieja María, que estaba acompañando a la mujer en silla de ruedas. Ya no nos saludamos; no sé que ha pasado, es como que la vez anterior que hablamos fue porque teníamos que hablar. En fin, fui con la carretilla y las tres bolsas de abono por el camino que va para adentro de los montes.
Todo el rato que estuve ahí adentro anduve con cuidado, porque el lobo viejo y gigante que va a buscar comida a las casas con cara de bueno, adentro del Debraris cambia radicalmente de carácter, se pone feroz y desconoce a todos. Me lo encontré, pero estaba dormido a la entrada de su cueva, y agradecí al dios que fuera que su olfato no funcionara, porque una brisa inoportuna soplaba en su dirección. Y por suerte, menos mal también que cuando esta dormido es sordo, porque la carretilla hacía un ruido infernal. Luego pasó algo bastante... raro. Todas las plantas estaban en los lugares donde las había sembrado, y si bien habían desarrollado formas amenazadoras, me pareció demasiado difícil que pudieran desprenderse de la tierra para perseguir gente, y hasta ahí todo bien. Sin embargo, cuando les puse el abono tuve una sensación rara, como si las estuviera cebando con algo. Me pareció que me olían.
No obstante, eso no fue lo más inquietante. Me encontré con los niños que saben correr por los límites de la aldea, y que hacía rato que no los veía. Siempre nos hemos ignorado mutuamente, pero esta vez noté que me miraban como desconfiados. Yo a la vez sentía que algo no estaba normal en su aspecto. Murmuraron cosas entre ellos por lo bajo y se fueron a la carrera, y noté que era lo que tenían de raro. De las ropas les asomaban patas de cucaracha.

viernes, 11 de octubre de 2019

Mundo Quebrado- VIII

Hoy me levanté lo más bien, con toda la energía del mundo. Luego de desayunar y toda la rutina, agarré la pala y me dirigí a la puerta del sótano. No sabía bien cual parte de la tierra era la ideal para ser abono, porque los ebesiends no es que van directamente a lo que quieren comer, sino que destrozan todo en el proceso, pero pensé que ya me iba a dar cuenta. Abrí la puerta del sótano de adentro de la casa, me puse arriba de la tierra, levanté la pala, y con toda la confianza la hundí alegremente en la superficie.
En menos de un segundo me caí sobre la pala y el piso del sótano. Resultó que se había movido el terreno debajo de la entrada, y había quedado como un cascarón resistente, pero cascarón al fin. Uno de sus pedazos se me cayó en la cara y me dolió tanto como un ladrillazo de cemento. Luego de maldecir un rato, me levanté como pude. A pesar de la poca luz, pude darme cuenta de que no había tanta tierra como me habían dicho desde el Ministerio, y que el lugar ahora era una caverna a la que no se le podían ver las paredes. Aquí y allá sobresalían vestigios de cosas enterradas. Me pregunté en que lugar estarían depositados los antiguos dueños. No me había puesto a pensar más en ese detalle. No es común que tu sótano sea un pequeño cementerio. Me moví un poco buscando la tierra ideal. Al doblar una esquina vi una luz que estaba encendida. Me acerqué con muchísimo cuidado, y asistí a una escena de lo más curiosa.
Había muchas cucarachas sentadas en un cuadrado de metro y medio por un metro, mirando a una cucaracha más grande que, al parecer, estaba regañando fuertemente a otra, y cada tanto le daba con un palo. Ante cada impacto, la cucaracha se caía al suelo pero de una manera estoica volvía a sentarse. Los otros insectos parecían comentar la escena de muchas maneras distintas, riéndose, enfurecidas, indiferentes, impacientes, no sé, nunca he sido alguien imaginativo, pero veía todas esas reacciones. Sacudí la cabeza para saber si el ladrillazo de tierra habría alterado de algún modo mis facultades, pero no, la escena seguía igual. Pensé que no podía ponerse más rara, pero divisé al lado de la congregación de cucarachas muchos carritos y elementos tales como diminutas palas y picos, y escuché claramente a la cucaracha principal hablar en lenguaje humano. La miré sorprendido, y me encontré con que ella me observaba a su vez, mientras decía:
-¡...pero nosotros queremos volver a ser niños!

viernes, 4 de octubre de 2019

Mundo Quebrado- VII

Pues bien, leí y releí el presupuesto que me habían dado, y decidí que antes de gastar en todo lo que necesitaba, iba a ver cuanto podía hacer yo, porque tal vez podía evitar que alguien viniera a mi casa y no viera como está todo. No tengo gran lío pero no me gusta andar acomodando para complacer visitantes. Decidí que primero vaciaría el sótano; tarea un tanto ardua, porque está tan lleno que siempre creí que era una puerta falsa puesta en el suelo como adorno, excentricidades de los antiguos dueños. Fui a buscar una de las palas que tengo en el cuartito del fondo, pero en cuanto me levanté de la silla, sonaron unos golpes en la puerta. Fui a atender, y era mi vecino Don Dearauma, que no me dio tiempo de nada y dijo:
- Don Sidarel, ¿cómo le va? Vine a buscarlo, y me lo quedé mirando por la ventana. Esperé que se levantara para llamarlo, así no se levantaba exclusivamente por mí.- Es un tic que tiene mi vecino, le hace perder mucho tiempo.- Se abrió una puerta al Universo Breiknha y ya sabe que animales se pasaron. ¡Vinieron muy rápido!- Él no necesitó decir más. Igualmente fui a buscar la pala, pero para partirla en la cabeza de los ebesiend, las criaturas más asquerosas, mañeras y calamitosas de este cruce de mundos y de dimensiones paralelas vecinas. Le di otra a mi vecino y le pedí que me guiara hacia donde estaban.
No hicimos ni diez pasos que ya los vimos en la misma calle que nosotros, un conjunto de seis o siete bestias parecidas a cerdos con tentáculos que araban el suelo con su hocico infame colmilludo, oliendo el miedo para saber a donde ir a comer. Nos vieron y ya echaron a andar a paso firme hacia donde estábamos, al parecer resueltos a hacernos pasar un mal rato. Me pregunté donde andarían los pastores breiknhas que siempre están detrás de ellos, si ya se habrían dado cuenta de que nuevamente sus animales se habían saltado de dimensión. Nos preparamos para enfrentarlos, a la vez que ellos aceleraban el paso, pero en el último momento, cuando ya blandíamos las palas, ellos nos esquivaron como con desinterés, pasaron entre nosotros, y fueron directamente a escarbar la otra puerta del sótano, la que va hacia afuera, digamos.
(Recién ahí me di cuenta de que el sótano tiene una puerta en el patio.)
Nos quedamos desconcertados por ese accionar, porque generalmente persiguen a las personas que encuentran, pero igual intentamos espantarlos para que no me rompieran la casa. No había caso, estaban empecinados en escarbar y romper, menos mal que media hora después, llegaron los pastores breiknhas a plena carrera, armados especialmente, y los arrearon de nuevo hacia su Universo. Le comenté brevemente a uno de ellos, que los animales no nos habían atacado, fue a donde habían escarbado, hurgó un poco, olió, y me dijo, antes de irse:
- Hay buen abono ahí. Lindo para sus plantas del Debraris.
Eso pasó hoy. Que buen dato, me ahorré de comprar abono.