viernes, 23 de agosto de 2019

Mundo Quebrado- I

Y bien, me llamo Vladimir Sidarel, y escribo desde Mundo Quebrado, una suerte de extraña dimensión/ cruce entre mundos/ limbo confuso, donde vivo o al menos intento vivir, desde que llegué acá hace tanto tiempo que ni lo recuerdo. Es más... supongo que llegué aquí, porque también está la mínima posibilidad de que haya nacido y crecido en este lugar, pero siempre mis pasos terminan llevándome a donde están los restos de la Carreta, un montón de hierros retorcidos y madera antiquísima en medio de un cráter mediano. Al verlo, me parece recordar que llegué acá descontroladamente y sin saber a que me exponía, pero es solo una imagen temblorosa, que me da un poco de miedo. Así que pienso que yo no soy de aquí.
No soy el único que vive por acá, aunque todo es tan caótico a veces que no sé si las otras personas existen o que. Sabe aparecer una anciana en silla de ruedas que da la vuelta completa a las veinte chacras que están en Mundo Quebrado, un cartero envuelto en niebla que sale de su casa y deja correspondencia por muchas casas todos los días (calculo que las cartas que reparte aparecen en su hogar, sino, no me explico), muchos niños que van corriendo de acá para allá cuando hay viento y está nublado, Don Dearauma, una suerte de ciborg que a veces viene a darme charla sobre temas que luego no recuerdo... Más allá de la aldea (supongo que es una aldea), hay geografías difusas y fantasticas, en las que cañones insondables y edificios abandonados se combinan con árboles de forma salvaje y exquisita. El Debradis, así es como se lo denomina. Y yo estoy aquí sin saber muy bien que papel represento, y supongo que por primera vez voy a intentar llevar un diario para intentar saber bien que es lo que está pasando.

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