viernes, 1 de noviembre de 2019

Mundo Quebrado- X

Buen día, aunque no sé a quien estoy saludando. Quizás sea a mi yo del futuro. A lo que iba; hoy me fijé en este diario, y hacía ya mes y algo que no escribía. Me parece rato, porque alguna anotación he hecho cada día, creo recordar, ¿o las habré hecho dentro de algún pliegue de tiempo y se borraron? La vez anterior había pasado lo contrario, no recordaba haber escrito algo, pero lo había hecho, todo por obra de la dichosa perturbación temporal. Entonces, voy a tener que hacer alguna reseña ahora, para que no se me olvide.
En resumidas cuentas, estuve ocupado. Terminé de limpiar el sótano, y ahora está libre de tierra. No encontré las tumbas de los antiguos dueños, pero sí un baúl que aun no he abierto. ¿El Ministerio de Magia se habría equivocado? Qué sé yo. Seguí llevándoles abono a las plantas del Debraris, por más miedo que me daba. ¿Por qué tenía la impresión de que cada vez que iba no estaban precisamente donde las he plantado? No se debe a que a veces no están y otras veces sí, o que el Debraris cambie, siendo a veces puro bosque y otras veces un conjunto de ruinas futuristas. Cuando aparecen mis plantas, lo hacen en el mismo lugar. Me daba la sensación de que se habían salido de ahí y se habían vuelto a poner para disimular. Consulté los registros mágicos cuando estaba el vecino que los tiene, y vi que desde hace siglos no hay ataques vegetales. Espero no provocarlos yo, la verdad que me da miedo esa idea.
Bueno, lo último, es que me dí a la tarea de limpiar la chimenea, para ver si puedo ahorrarme algunas monedas, porque se me ocurre que los del Ministerio son un tanto... onerosos, por decirlo así. Realmente fue más desagradable que limpiar el sótano y llevar el abono. Que asquerosos han sido los antiguos dueños, realmente, le deben haber metido cualquier porquería grasosa que encontraban. Los caños de la chimenea estaban completamente forrados con grasa rancia carbonizada, olían a grasa, y en los tramos que iba limpiando, el metal quedaba con el color de la grasa. Por suerte, los caños no son enterizos, sino desmontables en cuatro partes, lo cual me hizo bastante fácil esa tarea insalubre. Que asco, verdaderamente, tuve que ventilar varias horas seguidas para que se fuera ese aroma pestilente. No me extraña que a los dueños les hayan dado muerte, toda la aldea debía llenarse de esos efluvios.
Y lo último. Ya había terminado de limpiar la chimenea, me había bañado lo mejor posible, y estaba sentado en la puerta del patio de casa, descansando, viendo las constantes nubes. Vi que se acercaba el cartero, envuelto en niebla como siempre, y que me alcanzaba un paquete rojo. Me di vuelta para abrirlo en casa, pero el paquete no me dio tiempo. Se tiró el mismo al suelo, se rompió, y dejó salir a un bufón blanco y negro, sin cara, que me dio flor de bofetada.

2 comentarios:

Luciano (Luu) dijo...

Esta novela tuya me hace acordar a "Alicia en el país de las maravillas" donde se conjugan la fantasía, lo fantasioso y la irrealidad con la realidad.

Seguro que no la escribís fumado? Jaaaaaa...

Besos!

Vossor dijo...

William Burroughs escribía fumado, te recomiendo sus libros, es como un viaje a la psicodelia XD Abrazo, Luckciano, besos! :D