Pues bien, leí y releí el presupuesto que me habían dado, y decidí que antes de gastar en todo lo que necesitaba, iba a ver cuanto podía hacer yo, porque tal vez podía evitar que alguien viniera a mi casa y no viera como está todo. No tengo gran lío pero no me gusta andar acomodando para complacer visitantes. Decidí que primero vaciaría el sótano; tarea un tanto ardua, porque está tan lleno que siempre creí que era una puerta falsa puesta en el suelo como adorno, excentricidades de los antiguos dueños. Fui a buscar una de las palas que tengo en el cuartito del fondo, pero en cuanto me levanté de la silla, sonaron unos golpes en la puerta. Fui a atender, y era mi vecino Don Dearauma, que no me dio tiempo de nada y dijo:
- Don Sidarel, ¿cómo le va? Vine a buscarlo, y me lo quedé mirando por la ventana. Esperé que se levantara para llamarlo, así no se levantaba exclusivamente por mí.- Es un tic que tiene mi vecino, le hace perder mucho tiempo.- Se abrió una puerta al Universo Breiknha y ya sabe que animales se pasaron. ¡Vinieron muy rápido!- Él no necesitó decir más. Igualmente fui a buscar la pala, pero para partirla en la cabeza de los ebesiend, las criaturas más asquerosas, mañeras y calamitosas de este cruce de mundos y de dimensiones paralelas vecinas. Le di otra a mi vecino y le pedí que me guiara hacia donde estaban.
No hicimos ni diez pasos que ya los vimos en la misma calle que nosotros, un conjunto de seis o siete bestias parecidas a cerdos con tentáculos que araban el suelo con su hocico infame colmilludo, oliendo el miedo para saber a donde ir a comer. Nos vieron y ya echaron a andar a paso firme hacia donde estábamos, al parecer resueltos a hacernos pasar un mal rato. Me pregunté donde andarían los pastores breiknhas que siempre están detrás de ellos, si ya se habrían dado cuenta de que nuevamente sus animales se habían saltado de dimensión. Nos preparamos para enfrentarlos, a la vez que ellos aceleraban el paso, pero en el último momento, cuando ya blandíamos las palas, ellos nos esquivaron como con desinterés, pasaron entre nosotros, y fueron directamente a escarbar la otra puerta del sótano, la que va hacia afuera, digamos.
(Recién ahí me di cuenta de que el sótano tiene una puerta en el patio.)
Nos quedamos desconcertados por ese accionar, porque generalmente persiguen a las personas que encuentran, pero igual intentamos espantarlos para que no me rompieran la casa. No había caso, estaban empecinados en escarbar y romper, menos mal que media hora después, llegaron los pastores breiknhas a plena carrera, armados especialmente, y los arrearon de nuevo hacia su Universo. Le comenté brevemente a uno de ellos, que los animales no nos habían atacado, fue a donde habían escarbado, hurgó un poco, olió, y me dijo, antes de irse:
- Hay buen abono ahí. Lindo para sus plantas del Debraris.
Eso pasó hoy. Que buen dato, me ahorré de comprar abono.
2 comentarios:
Que bien narrado Fortu
Gracias, Nico!!!
Publicar un comentario